Libro:Cristo del Prado de Madridejos. Historia de un pueblo

  Breve resumen sobre el libro Cristo del Prado de Madridejos. Historia de un pueblo (2017)

  El Cristo del Prado es la Imagen de mayor devoción en la villa de Madridejos. En el siglo XVI estaba ubicado en un humilladero en el camino que se dirigía a Camuñas, en el Prado junto al río Amarguillo. La tradición nos habla de un milagro en este lugar (hacia 1600), realizado a un pastor que se encargaba de mantener encendida la lámpara del Cristo. Un día, este se desprendió de la cruz para poder abrazarlo. Desde entonces el número de fieles devotos fue en aumento.

   Los documentos nos hablan de un Cristo que obraba muchos milagros. La Imagen fue trasladada en 1610 a una capilla-humilladero en el Prado Viejo, que aún hoy se conserva bajo el camarín de la Ermita, junto al antiguo camino real de Andalucía. En el siglo XVII se construiría la Ermita actual y se abriría el paseo con álamos. También a lo largo del tiempo irán surgiendo las distintas instituciones ligadas a esta Imagen.

La feria y fiestas del verano se hacían y se hacen en honor al Santísimo Cristo del Prado, destacando además de los actos religiosos donde sobresalen la función y procesión del día 14 de septiembre, festividad de la Exaltación de la Santa Cruz; otros con un contenido mucho más profano, pero dentro de lo que se entiende por religiosidad popular, destacando en tiempos pasados los juegos ecuestres y corrida de rejones.

La feria y fiestas de Madridejos a finales del siglo XVIII eran muy importantes. Un ferial que transcurría desde las inmediaciones de la parroquia del Salvador hasta la propia Ermita del Cristo a través de la Calle del Rodeo, actual Avenida de Castilla-La Mancha, y el tramo de la actual calle de los Arcos, comprendido entre dicha Avenida y el Paseo del Cristo, por donde transcurría el Camino Real de Andalucía. Una feria fundamentalmente de ganado, aunque no faltaban cualquier otro tipo de mercancía, desde comestibles hasta prendas de vestir, además de los típicos puestos de dulces y juguetes. Era una feria muy concurrida; la extensa lista de feriantes del año 1796, procedentes de puntos tan alejados como Valencia, Aragón o Galicia, también de Madrid, nos habla de la importancia de la misma por aquellas fechas.

Los juegos ecuestres se celebraban en la plaza mayor de la villa (actual plaza Jesús Requejo), una plaza que entonces era muy parecida a la que se conserva en Almagro, con ventanales superpuestos a modo de corredores y en la parte inferior soportales. Todo ello rodeado de edificios históricos, hoy también desaparecidos, como la parroquia de Santa María (siglo XIII), el hospital de San Juan, el Real pósito que servía para el almacenamiento y suministro de cereales, las posadas o la Casa de la Tercia.  Era el marco incomparable donde dieciséis caballeros madridejenses, hacían ejercicios ecuestres con sus caballerías al modo de las Reales Maestranzas de las grandes ciudades españolas. Sabemos que este tipo de festejo se celebraba de noche, con una iluminación especial de fiestas, con luces de diferentes colores, utilizando los distintos medios que se disponían cuando aún no existía la luz eléctrica. También conocemos a través de una descripción de la visita que hizo la familia real española a nuestra población en 1796, que este tipo de acto llenaba la antiguo plaza de la villa con personas de Madridejos y de los pueblos comarcanos. Era un acto un tanto especial, que parece no se hacía en muchos kilómetros a la redonda. Y su espectacularidad y brillantez atraía a mucho público, que literalmente vibraba. El acto concluía con la quema de fuegos artificiales en el mismo lugar. Al día siguiente se celebraba la corrida de rejones protagonizada por los mismos caballeros en la misma plaza.

Entonces la religión estaba en el centro de aquella sociedad y no podemos pensar que gente procedente desde los pueblos comarcanos o quizá de aún más lejos, se desplazasen hasta Madridejos a mediados de septiembre, solamente para pasear por el ferial y hacer compras, o asistir a los actos ecuestres y taurinos. Las personas que venían hasta esta localidad, que en aquellas fechas debía de estar hasta arriba de gente, lo harían en su inmensa mayoría como peregrinos, como devotos del Santísimo Cristo del Prado. El mayordomo del Cristo en 1772 insistía en que la Ermita del Cristo era la más relevante del “país”. Él utilizaba esta palabra, seguramente para referirse al territorio histórico del Gran Priorato de San Juan, que agrupaba a las siguientes poblaciones (Alcázar de San Juan y Consuegra que eran sus capitales, además de Urda, Camuñas, Villafranca, Villacañas, Quero, Tembleque, Turleque, Herencia, Puerto Lápice, Arenas, Villarta y Argamasilla de Alba). Un extenso territorio de casi 3.000 km2. que lo convertía en una pequeña provincia, con varios pueblos que podían estar considerados como pequeñas ciudades a finales del siglo XVIII, entre ellos Madridejos, que faltaba por nombrar en esta lista. De la importancia de este señorío-priorato nos habla el hecho de que durante varios siglos fue administrado por miembros de la realeza, sobre todo por miembros de la Casa Real española. Pues bien, como decíamos el mayordomo del Cristo nos dice que era la Ermita más importante de todo este territorio, por la cantidad de adornos y joyas o alhajas que tenía (se puede ver algún inventario en el libro que hemos publicado, y al que dedicamos este breve resumen); así como por el gran número de fieles devotos que veneraban esta imagen. Y destaca que no solamente eran de Madridejos, sino de las poblaciones comarcanas; él las denomina como “extrañas”, y además también habla del “gentío” que había en esos días de fiesta, lo que nos da idea de la gran concurrencia de devotos y peregrinos.

Terminamos con una palabras del mayordomo del Cristo en 1772, que refuerzan la importancia de esta imagen en la religiosidad popular en aquella época, no solamente de Madridejos, sino también de toda la comarca:

por ser mui grande la devoción que tienen los moradores de Madridejos a dicha soberana efigie del Santo Xpisto del Prado, que está estendida y comunicada en todos los Pueblos comarcanos que concurren diriamente a tributar a Su Divina Magestas las devidas gracias por el citado título, el asilo y refugio de la devoción de ttodo este país. (Archivo Diocesano de Toledo, Fondo Ermitas, caja 7, exp. 14).

Marcial Morales Sánchez-Tembleque.

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