EL TELÉGRAFO ÓPTICO EN EL CAMPO DE SAN JUAN

            Había anochecido, la lluvia no cesaba y el ambiente era gélido. Después de una dura jornada y con un estado de salud lamentable, un empleado de la torre nº 14 de la línea de Andalucía llega a casa caminando con dificultad sobre el barro, protegiéndose con una manta raída. Demacrado, en una vieja mesa, papel, pluma y tintero, escribe al Director General de Correos y Telégrafos la siguiente instancia:

«Habiendo estado enfermo diez días con una fuerte hinchazón en el vientre y, desapareciendo ésta, se me ha fijado un dolor en el pecho izquierdo, que con frecuencia me priva la respiración por la fuerza de la tos, siendo la terminación arrojar sangre por la boca; y no estando dotados estos pueblos más que con cirujanos sangradores, careciendo de boticas, solicita de S.E. me conceda ocho días de licencia para atender a mi curación en uno de los puntos de Aranjuez, Valdemoro o Madrid[1].»

Cuando oímos la palabra telégrafo, nos viene a la mente el alfabeto Morse, una combinación de puntos, rayas y espacios compuestos mediante el accionamiento de una llave que emite impulsos eléctricos.

A escasos dos kilómetros del núcleo urbano de Turleque existe un paraje denominado El Telégrafo. El topónimo hace referencia al telégrafo, pero no al citado telégrafo eléctrico compuesto de postes y cables, sino al telégrafo óptico, pues aquí construyeron una de las torres que cubría la línea Madrid-Cádiz a mediados del siglo XIX.

Entonces… ¿qué es la telegrafía óptica?

El ser humano siempre ha tenido la necesidad de comunicarse a distancia y, para ello, se han empleado distintos métodos dependiendo de la época y la situación geográfica.

En tiempos del Califato existía una red de torres en combinación con los propios castillos denominadas almenaras (del árabe Al-manara: la fogata). Desde estos puntos elevados, con humaredas de día y hogueras por la noche, transmitían sencillos avisos. Se dice que mediante este sistema, una noticia tardaba veinticuatro horas desde Córdoba a El Cairo. 
Es en 1844 y debido a los conflictos dinásticos, cuando se hace patente la necesidad de crear una red de comunicaciones que uniera las provincias más importantes con la capital, permitiendo al gobierno central mantener el orden público, siendo de uso exclusivo del mismo. En este momento es cuando se pone en marcha un proyecto de telegrafía óptica dirigido por el coronel del Estado Mayor José María Mathé.
A pesar de que este tipo de telegrafía ya resultaba anticuada, la telegrafía eléctrica aún no contaba con las suficientes garantías para cubrir un territorio tan amplio, puesto que podría sabotearse con facilidad. En cualquier caso, el camino hacia la telegrafía eléctrica era imparable, por lo que el telégrafo óptico tuvo una vida muy corta.

Finalmente se construyen tres grandes líneas:

Línea de Castilla: Compuesta por 52 torres, unía Madrid con Irún y funcionó desde 1846 hasta 1855.
Línea de Cataluña: Entró en funcionamiento con 30 torres en 1849 y se abandonó en 1856.
Línea de Andalucía: Fue la última en entrar en funcionamiento y la que más tiempo estuvo activa, desde 1850 hasta 1857, año en que se fue imponiendo la telegrafía eléctrica. Se construyeron 59 torres que daban servicio a la línea Madrid-Cádiz.

El telégrafo óptico funcionaba a través de una serie de estaciones repetidoras (torres) de mensajes codificados de forma visual. El sistema se vio favorecido por el uso de catalejos acromáticos que permitían la visión a larga distancia. Los signos recibidos eran repetidos sucesivamente de torre en torre, desde el origen al destino,  a una velocidad media de unos 300 km/h si el tiempo estaba despejado. Teniendo en cuenta que el servicio de postas a caballo solía tardar en cubrir esa distancia cuatro días, el invento fue toda una revolución.

Por el Campo de San Juan pasaba la línea de Andalucía, donde se construyeron torres en los términos municipales de Turleque, Consuegra y Urda. La cabecera se encontraba en el tejado de la Real Casa de Correos, en la madrileña Puerta del Sol donde se emitía el mensaje codificado que debía de llegar a Cádiz.

Como el uso de las torres era exclusivamente militar su construcción poseía las características de un pequeño fortín. Tenían planta cuadrada de 7 metros de lado y 12 de altura. Constaba de 3 plantas y sobre la cubierta superior se ubicaba el telégrafo. La puerta de acceso se encontraba a 4 metros de altura y se accedía con una escalera de madera que se guardaba en el interior, quedando la torre inaccesible desde el exterior. Las plantas se comunicaban mediante una escalera de caracol, siendo la tercera el lugar donde se encontraba el observatorio y los mandos para accionar el mecanismo de transmisión mediante un sistema de engranajes, poleas y cables que hacían subir y bajar los indicadores que estaban instalados en la azotea.

El personal que allí trabajaba procedía en su mayoría del ejército, soldados que habían combatido en las Guerras Carlistas o en las múltiples revueltas de la época. La vida en la torre era muy dura e insalubre y expuesta a partidas de bandidos.

Sello conmemorativo a José María Mathé y la telegrafía óptica. http://donostiando.blogspot.com

La dotación se componía de dos torreros y un ordenanza (obligado en caso de falta de visibilidad a llevar el mensaje en mano hasta la siguiente torre llevando consigo el fusil de reglamento). Puesto que las torres se encontraban en lugares apartados, los torreros hacían vida en ellas, estando prohibido que sus familias entraran en los telégrafos bajo ningún pretexto, por lo que solían vivir en el pueblo más cercano.
El secreto de las transmisiones era esencial por motivos de seguridad y los torreros que transmitían los mensajes  desconocían el contenido, siendo descifrados en el lugar de destino.

De aquellas torres y las vivencias de los hombres que por allí pasaron únicamente quedan pequeños montículos de escombros y, en el caso de Turleque, el topónimo del paraje: El Telégrafo.

FUENTES
OLIVÉ ROIG, S. (1990): Historia de la telegrafía óptica en España.  Gráficas Jomagar. Madrid.
http://donostiando.blogspot.com/2014/01/jose-maria-mathe-aragua-el-inventor-del.html
www.culturaydeporte.gob.es › telegrafia-optica-esp


[1] OLIVÉ ROIG, S. (1990): Historia de la telegrafía óptica en España: 82.  Gráficas Jomagar. Madrid.

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